Me disgusta el modo en que la S huye de mi boca: casa.
Al pronunciarla, la expiración se retrae; el sonido se reduce: vergüenza.
¿Lo percibes? Casi, casi se esconde entre el lenguaje: herencia.
Todo indica que pretende desdibujarse.
Cada vez que intento disimular mi timidez, la S me traiciona; se adelanta, me delata. Aquí está: violencia.
Esta S revela lo que intento ocultar: ausencia, silencio.
¿Qué vuelve tan difícil liberarla?
¿De dónde proviene esta fractura del lenguaje?
Expuesta.
Toda mi inseguridad reducida a una letra.