Hasta caber en su deseo.
Hasta caber en su deseo Al recibir la invitación de Lucien, un hombre que parece haber llegado a esa edad en la que uno ya debería conocer sus intenciones, aunque no necesariamente tener el valor de confesarlas, la menor de mis hermanas decide, sin saber muy bien por qué, concederle una importancia inusitada: se prepara para la cita con la gravedad de quien se dispone a presentar un examen de ingreso a la universidad o a defender su candidatura para un puesto de trabajo. Acorde con semejante empresa, los preparativos comienzan varios días antes. Hay ayuno y déficit calórico porque, además de incierto, el amor parece exigir cierta aptitud física. Al parecer, a los hombres les gustan los cuerpos menudos. Habrá que hacer algo al respecto: el cuerpo tendrá que adelgazar hasta caber en el deseo del otro. Se tiñe la opulenta cabellera y comienza la búsqueda de un vestido que haga justicia a su nueva anatomía. El rostro tampoco queda al margen de la operación: se corrige, se afina, se borra h...
