Donde falta una oreja.
Un joven que dejó una oreja a las puertas del Teatro de la Comedia me aborda y, llevado por un impulso sin gobierno, me confiesa el arrebato que le inspira mi aparición.
—Eres exactamente como te imaginaba.
Apenas nos hemos encontrado y el muy histriónico convierte el encuentro en el prólogo de una novela que, por alguna negligencia editorial, me ha sido imposible conseguir.
Tal vez por eso me mira con tanta familiaridad: lleva más de un año perdido en su monólogo y, por la soltura con que lo retoma, diríase que mi silencio formaba parte del libreto. A veces creo que me conoce mejor desde que dejó de conocerme.
Quién sabe si ésa no sea la forma más cómoda de enamorarse: conocer primero la ficción y después pedirle cuentas a la mujer
Si algún día se me ocurre salir de mi papel, sospecho que será a mí a quien eche de escena.
𝑴𝒆𝒍𝒊𝒔𝒔𝒂 𝑹𝒐𝒄𝒉𝒆𝒍𝒍𝒆.
