Sentencia.
De repente, en contrapunto, vociferan algún nombre: queda poco tiempo para consumar el vuelo, y acaso aquel destino sea mi parada hacia lo que no es.
—Allons-y! Il est temps d’embarquer!
Lo dice un hombre a su acompañante, pero su cuerpo se inclina hacia mí, y yo la entiendo como una orden funesta.
Están a punto de consumar el vuelo y, sin embargo, mis pies permanecen estáticos contra el suelo: encadenados, aguardando el destino que les corresponde.
¡Tan poco sé del amor! De cuánta ruina fecunda me he privado. Pienso.
Vuelven a pregonar el nombre, esta vez por última vez.
Ese llamado me sentencia: cobarde, traiciono la imposición y me entrego al vuelo rutinario; pienso que, por algo semejante al orgullo y al miedo, no volveré a ver a Paulo.
Melissa Rochelle, 2026.